Nacho Hevia
18 de junio de 2011
Pero si yo no quiero estar entre locos...comentó la niña. -¡Ah! pero eso no puedes evitarlo - le dijo el Gato - : aquí estamos todos locos. Yo estoy loco. Y tú también. - ¿Y cómo sabe que estoy loca? - preguntó Alicia. - Tienes que estarlo a la fuerza - le contestó el Gato -, de lo contrario, no estarías aquí. Lewis Carroll" Alicia en el País de las Maravillas"

FOTO: Nacho Hevia
- Cómo justifico ahora lo que dentro de incontables años, si es que aún sigo vivo, cuando no sea más que un viejecito sentado bajo el porche de una casa junto al mar, será causa de arrepentimiento por no haberlo hecho… Cómo, si soy mi único príncipe azul que me sacará de este sueño envenenado
Eso se dijo mientras sujetaba el picaporte de la puerta como si este tuviera una función prosopopéyica.
Nacho Hevia
VENTAJA
Llevabas muerta cinco días. Tiempo exiguo para gritar el llanto de toda mi sangre, que hace falta toda una vida para acallarlo. Llevabas muerta cinco días, prólogo de un castigo que, como a un niño, se le impone a quien, cuando jugando, su propio entusiasmo le hace daño. Llevabas muerta cinco días, cinco horas, cinco minutos, cinco segundos y quebraste el tiempo por lo dilatado. Llevabas muerta cinco días, pero hoy he ido hacia donde te hallas. Sólo me llevas cinco días de ventaja.
Nacho Hevia
Una delicia para los sentidos
Verdaderamente, una delicia para los sentidos. Acariciar tus miembros por separado. Jugar a cortarte los cabellos. Poder hablarte suavemente al oído dándote tan sólo una opción a respuesta convertida en sordos gemidos. Penetrarte y ver tus ojos entornados, casi blancos. Me avergüenza pensar en los límites que cruzamos, pero tu cuerpo era un campo abierto sin negativas. No puedo más que agradecerte el regalo de tu entrega. Aunque no suelo decir estas cosas créeme cuando te digo que me he enamorado.
Lástima que te resistieras cuando nos conocimos en el bar y tuviera que drogarte para llevarte a mi casa. ¿Piensas que podremos vernos otro día?
Nacho Hevia
la mano
la mano se revuelve ante la ausencia de vino en un vaso reseco de saliva gastada y vacío; el cansancio se balancea al ritmo de unas cortinas de pana; el silencio es la televisión del vecino con absurdos programas que hablan de gente que habla de sí misma y de otra gente que habla de su persona y de la de los primeros; la luz sólo viene cuando amanece, cuando se la espera, pero no penetra hasta que cinco capas de párpados se desesperanzan; la puerta se abre para que la basura, cada día más agónica, acabe en el cubo que lleva su nombre que se vaciará en el camión que a falta de título cogió el suyo también; y las horas tachan calendarios cercenados por la misma mano que cuelga cortinas de pana, se tapa los oídos, arranca cinco capas de párpados, arroja la basura, se revuelve si no hay vino y se agazapa entre las piernas porque hace mucho frío
Nacho Hevia

TEOREMA
De chiquillo descubrió que para que la deposición al caer, a veces con fuerza, otras por el mero cumplimiento de la ley de la gravedad, no le irrigase con el agua del sanitario lo más conveniente era cubrir con capas de papel higiénico la superficie embalsada antes de sentarse para llevar a cabo la ejecución de las necesidades que nos hacen humanos; así, la piel del trasero seguiría seca y libre de gérmenes resistentes a cualquier limpiador de baño. Lo descubrió con la misma alegría que debió tener Pitágoras al formular con orgullo su teorema y, como tal, tuvo que llevar a cabo las demostraciones pertinentes para dar veracidad a sus hipótesis planteadas ante quienes no hallaban solución a la salpicadura adquirida en el transcurso de sus defecaciones. A pesar de que falleció hace ya casi medio siglo, aún hoy, día en que celebramos la enunciación de su tesis, es recordado por todos, ya que de generación en generación, los padres enseñan a sus hijos, y estos a los que tendrán, que la cuestión húmeda provocada por la evacuación de los residuos sólidos depositados en áreas acuosas se resuelve con la expresión lógica de las deducciones que nos dejó.
Nacho Hevia
Caer en la cuenta
Mientras me abalanzo sobre ella, caigo en la cuenta de que olvidé dejar todos mis asuntos bien atados, rematados. Ni una carta ni una explicación ni un diario que narre las intenciones que me han llevado a ella. La lista de la compra colgada del imán de la nevera, como si tuviese intención de cocinar mañana su plato favorito. Mientras me abalanzo sobre ella, que me espera en una lisa corriente de asfalto a trece pisos de distancia, disculpo a mi cobardía estremecida por preferir la oscura prisión de un sepulcro a la de sus manos, las de mi marido.
Nacho Hevia
No sé hacerlo mejor
La serpiente me quedó más gorda de lo previsto, y lo que debía parecerse a un hipopótamo se asemejaba a un montón de rocas agolpadas. Los leones, arbustos mal podados; los osos pandas, fichas de dominó redondeadas con las orejas del famoso ratón de Disney. Esto no es un zoo, esto es una mierda.
-Lo siento, hijo. Tu padre no sabe hacerlo mejor –le dije.
Pero luego vendrán las matemáticas, la lengua, las naturales… y seguiré sin saber hacerlo mejor porque nunca me preocupé en serlo; bastante tuve con seguir viviendo.
-¿Sabes qué, hijo? Cuando seas mayor te enseñaré a conducir el coche de papá.
Nacho Hevia
- Joder, no me llames ¿Aún no te ha quedado claro? No quiero escucharte, no quiero saber nada de ti. ¡Déjame en paz!
- …
- ¿Cómo puedes ser tan hijo de puta para preguntarme cómo me siento? Eres un cabrón sin alma.
- …
- ¡Calla! ¡Olvídate de mí! ¡Olvídate de mí!
Colgó el teléfono con tanta violencia que los ceniceros que decoraban la mesita vibraron sobre el cristal de la misma y una carta depositada en ella semanas antes voló hacia el suelo por el impulso provocado.
En la misma se podía leer: “Estimado/a cliente: a consecuencia del impago reiterado de la factura de teléfono nos hemos visto obligados a suspenderle la línea desde hace un mes a fecha de hoy hasta que no efectúe los pagos atrasados. Atentamente, La Compañía”
Nacho Hevia