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miércoles, 22 de junio de 2011

MICROCUENTO: Nunca creí en espíritus

Nunca creí en espíritus o fantasmas. Hasta que un día desperté y pude atormentar a mi marido, sin que descubriese que era yo misma, por todo el dolor que me había causado.


Nacho Hevia
18 de junio de 2011

domingo, 7 de febrero de 2010

MICROCUENTO: CASA DE CAMPO

CASA DE CAMPO

Aquí vinimos a descansar, a encontrar la tranquilidad que no hemos sido capaces de tener en la ciudad, para hablar y arreglar nuestros problemas. Por eso compramos la casa de campo “de tus sueños”, para sentirnos bien.
Es cierto, desde que estoy aquí me siento nuevo. Ahora hemos de descansar para olvidar los gritos, la ansiedad, los celos que nos han llevado hasta esta situación y para quemar los trapos sucios con los que tantas veces nos hemos manchado.
Ahora tú descansarás en el jardín, bajo el ciprés que pienso plantar, y yo descansaré de ti en el sofá mientras veo la televisión.


Nacho Hevia

jueves, 21 de enero de 2010

MICROCUENTO: DESPISTE


DESPISTE


Me acerco y anoto sus nombres. Con esa dichosa manía que tienen de escribir todo con esa letruja enana me tengo que acercar tanto que hasta podría imprimirse en mi frente. Pero, luego ¿cómo los leería? Je, je, je. He de saber en qué estaciones me he subido y bajado para poder volver antes de que cierre la residencia. Por cierto ¿qué hora será ya? Juraría que me puse el reloj de muñeca. ¡Ay, otra estación! ¿Dónde diablos estará el papel donde las apuntaba? Bah, ya me acordaré cuando regrese. A todo esto… ¿dónde es que iba yo?


Nacho Hevia

miércoles, 13 de enero de 2010

MICROCUENTO: A UN ESPACIO DE DISTANCIA

A UN ESPACIO DE DISTANCIA

Ni subido a una escalera conseguiría besarte, porque cada vez que llegase a alcanzar la hornacina desde la cual me miras te alzarás siempre a un espacio de distancia. Y de tanto seguirte esta escalera apurará hasta el extremo, uno a uno, tecla a tecla, tiempo a tiempo, paso a paso, sus escalones; y será únicamente un conflicto de traviesas sin destino, sin equilibrio, sin muro donde apoyarse. Ni subido a una escalera, doce o trescientas, conseguiría besarte, que tu cuerpo es sólo cuerpo que se vence bajo tierra y tus labios una exhalación a tanta altura como hasta donde el aire deja de ser aire.

Nacho Hevia

domingo, 27 de diciembre de 2009

MICROCUENTO: POLVO EN LAS CORTINAS

Polvo en las cortinas

Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina el arroz se quema en la cazuela, mis hijos esperan en la escuela y las cortinas acumulan más polvo que ayer. Y me asusto al pensar que lo recojo para alguien que quizá tenga otra cocina con baldosas que esperan ser lustradas para albergar nuevamente todo aquello que nunca fui. Decido dejar caer mi destino en el mismo sitio donde quince años atrás lo deposité para que no se me vuelva a pegar el arroz, para no llegar tarde a la salida del colegio de los niños otra vez y para lavar las cortinas que ocultan todos mis porqués…

Nacho Hevia

domingo, 20 de diciembre de 2009

MICROCUENTO: TE QUEDAS VACÍO

TE QUEDAS VACÍO

Para que nadie se entere de que me he marchado cierro las palmas de tus manos sordamente, consumo lo que te resta de vigor devolviéndote al frío, paralizo tus párpados como cuando un reloj decide dejar de adelantar segundos y me arrastro con el aire que liberas, quedándote vacío.
Para no tener que ser yo quien les diga que me he ido, dejo que se haga cargo una máquina con su continuo pitido.


Nacho Hevia

FOTO: Nacho Hevia

domingo, 5 de julio de 2009

aunque sea para tabaco negro

sólo si te fijas con atención advertirás cómo se le acaban los cigarrillos para poder seguir fingiendo que aún... que todavía es capaz de lidiar con los propósitos, frases hechas y demás descuidos; y, no me digas que no es irónico, sin embargo le preocupa tener que vaciar la acumulada montaña de colillas, apuradas desesperadamente hasta el filtro, en la bolsa de basura que siempre pende del mismo pomo de la misma puerta, "esa maldita puerta" que diría Clara, o Solagne (nunca recuerdo quién es quién en la obra de Genet) si tuviesen la oportunidad... Y en esa bolsa: ceniza y otros restos... poca diferencia con aquello que se acumula entre los desusados objetos de sus cajones, donde, si busca bien, podrá encontrar algo suelto, aunque sea para tabaco negro, ya que su hostigada tos ya no distingue el color de la nicotina

Nacho Hevia



viernes, 20 de marzo de 2009

picaporte prosopopéyico

 

- Cómo justifico ahora lo que dentro de incontables años, si es que aún sigo vivo, cuando no sea más que un viejecito sentado bajo el porche de una casa junto al mar, será causa de arrepentimiento por no haberlo hecho… Cómo, si soy mi único príncipe azul que me sacará de este sueño envenenado

 

Eso se dijo mientras sujetaba el picaporte de la puerta como si este tuviera una función prosopopéyica.


Nacho Hevia

martes, 3 de febrero de 2009

MICROCUENTO: PERFECTO

PERFECTO

Salvo quizás, por esa casi imperceptible gota de sangre seca; salvo por esa mácula que agonizaba como punto negro sobre fondo blanco; salvo por esa esquirla que bramaba por ser desgajada; salvo por ese ínfimo pero que rasgaba la pulcritud de tus gestos; salvo por esto, digo, creería que todo en ti es perfecto y entonces, mi querido amigo, te odiaría tanto que nada en ti podría salvarte.


Nacho Hevia

martes, 27 de enero de 2009

MICROCUENTO: VENTAJA



VENTAJA

 


Llevabas muerta cinco días. Tiempo exiguo para gritar el llanto de toda mi sangre, que hace falta toda una vida para acallarlo. Llevabas muerta cinco días, prólogo de un castigo que, como a un niño, se le impone a quien, cuando jugando, su propio entusiasmo le hace daño.  Llevabas muerta cinco días,  cinco horas, cinco minutos, cinco segundos y quebraste el tiempo por lo dilatado. Llevabas muerta cinco días, pero hoy he ido hacia donde te hallas. Sólo me llevas cinco días de ventaja.

 

 


Nacho Hevia

martes, 20 de enero de 2009

MICROCUENTO: Una delicia para los sentidos



Una delicia para los sentidos

 

 

Verdaderamente, una delicia para los sentidos. Acariciar tus miembros por separado. Jugar a cortarte los cabellos. Poder hablarte suavemente al oído dándote tan sólo una opción a respuesta convertida en sordos gemidos. Penetrarte y ver tus ojos entornados, casi blancos. Me avergüenza pensar en los límites que cruzamos, pero tu cuerpo era un campo abierto sin negativas. No puedo más que agradecerte el regalo de tu entrega. Aunque no suelo decir estas cosas créeme cuando te digo que me he enamorado.

 

Lástima que te resistieras cuando nos conocimos en el bar y tuviera que drogarte para llevarte a mi casa. ¿Piensas que podremos vernos otro día?

 

 

Nacho Hevia

martes, 6 de enero de 2009

De tanto contenerlas


De tanto contenerlas, explotaron cada una de mis expresiones y mi voz ya no supo acompañarlas y calló. Sin palabras para dar réplicas, mis oídos se cerraron y mis gestos tornaron yermos ante el silencio. Cuando los hedores de la podredumbre inundaron mi olfato, mi nariz se refugió en el frío y ya, únicamente, quedaron dos ojos, castigados a soportar despiertos los restos que mi boca arrojó de tanto raer el monólogo interior. Dos ojos cubiertos de edredones de lágrimas que translucían la luz que sobrevivió el día que, de tanto contenerlas, explotaron cada una de mis expresiones.


Nacho Hevia

sábado, 27 de diciembre de 2008

MICROCUENTO: DORMIR DE NOCHE



DORMIR DE NOCHE


No le gustaba dormir de noche. Cuando todos los recuerdos se enmarañan en forma de sueños. Cuando la memoria se encarga ella sola de dejar de ser selectiva y gira la manecilla de la rueda del pasado. Cuando las manos atraviesan con lacerantes dedos las sienes de la angustia emponzoñándose entre los intestinos profundos y dilatados que crea el tiempo unido en vínculo con el alma, engañando a la realidad de los días. No le gustaba dormir de noche por mostrarle esta la vulnerabilidad de sus gestos, que militarmente actúan en el tráfico diario de las personas que hablan entre sí. No le gustaba dormir de noche porque nadie está tan desnudo como bajo una sábana, solo, él y el frío. Por eso llena sus copas de vino, sus ceniceros de cigarros, las paredes de humo, los huecos de saliva, sus manos de semen. Hasta que se hace casi de día y sus párpados cerrados no han anclado sobre nada. Y se echa a andar a la calle para darle opciones a las caras de las gentes, los carteles mal pegados sobre las vallas, las paradas de una línea de autobús, la música de un bar, una conversación en un portal lejos, muy lejos del suyo. Y, a veces, vuelve a casa tan vacío como cuando se encuentra bajo sus sábanas, solo, él y el frío.



Nacho Hevia

jueves, 18 de diciembre de 2008

MICROCUENTO: LA MANO


la mano

 

 

la mano se revuelve ante la ausencia de vino en un vaso reseco de saliva gastada y vacío; el cansancio se balancea al ritmo de unas cortinas de pana; el silencio es la televisión del vecino con absurdos programas que hablan de gente que habla de sí misma y de otra gente que habla de su persona y de la de los primeros; la luz sólo viene cuando amanece, cuando se la espera, pero no penetra hasta que cinco capas de párpados se desesperanzan; la puerta se abre para que la basura, cada día más agónica, acabe en el cubo que lleva su nombre que se vaciará en el camión que a falta de título cogió el suyo también; y las horas tachan calendarios cercenados por la misma mano que cuelga cortinas de pana, se tapa los oídos, arranca cinco capas de párpados, arroja la basura, se revuelve si no hay vino y se agazapa entre las piernas porque hace mucho frío

 

 

 

Nacho Hevia

martes, 16 de diciembre de 2008

MICROCUENTO: TEOREMA


TEOREMA


De chiquillo descubrió que para que la deposición al caer, a veces con fuerza, otras por el mero cumplimiento de la ley de la gravedad,  no le irrigase con el agua del sanitario lo más conveniente era cubrir con capas de papel higiénico la superficie embalsada antes de sentarse para llevar a cabo la ejecución de las necesidades que nos hacen humanos; así, la piel del trasero seguiría seca y libre de gérmenes resistentes a cualquier limpiador de baño. Lo descubrió con la misma alegría que debió tener Pitágoras al formular con orgullo su teorema y, como tal, tuvo que llevar a cabo las demostraciones pertinentes para dar veracidad a sus hipótesis planteadas ante quienes no hallaban solución a la salpicadura adquirida en el transcurso de sus defecaciones. A pesar de que falleció hace ya casi medio siglo, aún hoy, día en que celebramos la enunciación de su tesis, es recordado por todos, ya que de generación en generación, los padres enseñan a sus hijos, y estos a los que tendrán, que la cuestión húmeda provocada por la evacuación de los residuos sólidos depositados en áreas acuosas se resuelve con la expresión lógica de las deducciones que nos dejó.

 

 

Nacho Hevia

lunes, 24 de noviembre de 2008

Caer en la cuenta



Caer en la cuenta

 

Mientras me abalanzo sobre ella, caigo en la cuenta de que olvidé dejar todos mis asuntos bien atados, rematados. Ni una carta ni una explicación ni un diario que narre las intenciones que me han llevado a ella. La lista de la compra colgada del imán de la nevera, como si tuviese intención de cocinar mañana su plato favorito. Mientras me abalanzo sobre ella, que me espera en una lisa corriente de asfalto a trece pisos de distancia, disculpo a mi cobardía estremecida por preferir la oscura prisión de un sepulcro a la de sus manos, las de mi marido.

 

 

Nacho Hevia

martes, 11 de noviembre de 2008

No sé hacerlo mejor


 

No sé hacerlo mejor

 

 

La serpiente me quedó más gorda de lo previsto, y lo que debía parecerse a un hipopótamo se asemejaba a un montón de rocas agolpadas. Los leones, arbustos mal podados; los osos pandas, fichas de dominó redondeadas con las orejas del famoso ratón de Disney. Esto no es un zoo, esto es una mierda.

-Lo siento, hijo. Tu padre no sabe hacerlo mejor –le dije.

Pero luego vendrán las matemáticas, la lengua, las naturales… y seguiré sin saber hacerlo mejor porque nunca me preocupé en serlo; bastante tuve con seguir viviendo.

-¿Sabes qué, hijo? Cuando seas mayor te enseñaré a conducir el coche de papá.

 

 

Nacho Hevia

lunes, 20 de octubre de 2008

TELÉFONO

- Joder, no me llames ¿Aún no te ha quedado claro? No quiero escucharte, no quiero saber nada de ti. ¡Déjame en paz!
- …
- ¿Cómo puedes ser tan hijo de puta para preguntarme cómo me siento? Eres un cabrón sin alma.
- …
- ¡Calla! ¡Olvídate de mí! ¡Olvídate de mí!

Colgó el teléfono con tanta violencia que los ceniceros que decoraban la mesita vibraron sobre el cristal de la misma y una carta depositada en ella semanas antes voló hacia el suelo por el impulso provocado.

En la misma se podía leer: “Estimado/a cliente: a consecuencia del impago reiterado de la factura de teléfono nos hemos visto obligados a suspenderle la línea desde hace un mes a fecha de hoy hasta que no efectúe los pagos atrasados. Atentamente, La Compañía”



Nacho Hevia

jueves, 16 de octubre de 2008

EL FANTASMA DE SU EXISTENCIA

El fantasma de su existencia


Algún día se enterarían de quién movía el espejito. Algún día sabrían que la vanidad de sus gestos no se correspondía con la de su alma. Algún día la verían como quien era en realidad al llegar a casa de madrugada, con las pócimas despintadas por sus facciones, la piel yerma y arrugada tras las mejores gasas y los ojos rojos para seguir negándose al verse reflejada. Algún día comprenderían que no le hablaba a un destello de vidrio vacío, sino al fantasma que necesitaba para seguir justificando su existencia. Algún día sabrían el por qué de sus manzanas envenenadas. Descubrirían que era ella quien estaba hechizada.

Nacho Hevia

lunes, 29 de septiembre de 2008

MICROCUENTO: EL OBJETO DE NUESTRO JUEGO


El objeto de nuestro juego

Los niños jugaban a atrapar la luz que traspasaba, tamizada por el cristal, los resquebrajados ventanales apoderándose caprichosamente de las paredes húmedas y acartonadas. Mientras que el resto descubría los huecos y esquinas desnudos de la oscuridad yo, con sordos pasos sobre las rancias láminas de madera y cruzando el vidrio, quise conocer el origen del cual emanaba el objeto de nuestro juego. Los niños jugaban a atrapar la luz y sólo logré entintar la silueta de mi propia sombra.


Nacho Hevia